domingo, 8 de julio de 2012

LA INVASIÓN DE LUPERÓN

A principio de 1948, mediante una operación secreta, las armas decomisadas en la frustrada Invasión de Cayo Confites fueron trasladadas a Guatemala y los hombres involucrados en la expedición de 1947 retomaron los planes de invadir la República Dominicana y derrocar a Rafael Trujillo.

El plan consistía en que tres aviones cargados de hombres y de armas, volarían desde Guatemala hasta la República Dominicana. Las tropas, dirigidas por el General Juancito Rodríguez, fueron divididas en tres contingentes:


El Primero, encabezado por el General Miguel Ángel Ramírez, debía entrar por San Juan de la Maguana, en el sur del País.

El Segundo, encabezado por Horacio Julio Ornes, entraría por Puerto Plata

El Tercero, encabezado por Juancito Rodríguez, entraría por El Cibao.

Lo planificado no se pudo llevar tal como se ideó, se impuso la adversidad. De las tres naves solamente una pudo realizar el libertario sueño. Las otras dos, lamentablemente, volaron en sentido contrario, la primera aeronave se quedó sin combustible y fue a parar a la isla de Cozumel, perteneciente al Estado de Quintana Roo, en la península de Yucatán, México, para abastecerse, donde fueron detenidos por las autoridades de ese país. La otra se encontró con una tormenta tropical que la alejó todavía más lejos de las otras y con suerte se salvaron los pasajeros aterrizando en territorio costarricense.

La nave que tomó el verdadero rumbo, un hidroavión del tipo PBY Catalina, después de un largo viaje de once horas, pudo felizmente amarizar en la bahía de La Gracia del municipio de Luperón, -de aquí se tomó el nombre- siendo aproximadamente las 7 de la noche del 19 de junio de 1949. El gobernador de Puerto Plata en ese entonces era Antonio Imbert Barrera, uno de los que años después participaría en el complot que terminaría con la muerte del dictador dominicano.

Era la primera vez que un grupo de enemigos de la opresión trujillera llegaba a Quisqueya, para valientemente desafiar a la fiera tiranizadora, en su propio cubil.

Los quince expedicionarios que llegaron a Luperón fueron: los dominicanos Horacio Julio Ornes Coiscou (Comandante del grupo), Federico Horacio Henríquez Vásquez (Gügú), Salvador Reyes Valdés, Hugo Kundhart, Manuel Calderón Salcedo, José Rolando Martínez Bonilla , Tulio Hostilio Arvelo y Miguel Angel Feliú Arzeno; los nicaragüenses Alberto Ramírez, Alejandro Selva y José Félix Córdoba Boniche; el costarricense Alberto Leyton y los pilotos norteamericanos Habett Joseph Marrot, George Raymond Scruggs y John William Chewning.



El amarizaje ocurrió sin dificultad, rápidamente algunos de los patriotas se adentraron en las calles del pueblo. Entonces las luces fueron apagadas, surgió la confusión y ocurrieron algunos tiroteos entre los mismos expedicionarios. El costarricense Alfonso Leyton recibió en el cuello un balazo mortal; el dominicano Hugo Kundhart y el nicaragüense Alberto Ramírez se enfrentaron a tiros, perdiendo la vida Ramírez y resultando herido, no de gravedad, Kundhart. Ramírez y Kundhart fueron llevados al hidroavión, donde terminaron calcinados juntos a Salvador Reyes Valdés, cuando un barco patrullero de Trujillo atacó y destruyó al hidroavión. A partir de entonces, grandes fueron las calamidades, las odiseas y las peripecias padecidas por los abanderados de la libertad que arribaron a Luperón.



De los quince combatientes, campeones de la gloria y del honor, que llegaron a Luperón, solamente salieron con vida el comandante Horacio Julio Ornes Coiscou, José Félix Córdoba Boniche, Tulio Hostilio Arvelo, Miguel Feliú Arzeno -diez años después regresó y ofrendó su vida en la invasión de junio de 1959- y José Rolando Martínez Bonilla, este último años después falleció en Miami, Florida.

La juventud de Puerto Plata odiaba a Trujillo, él era el enemigo de la libertad de todos los dominicanos. Por eso, un grupo de puertoplateños esperaba a los argonautas de Luperón y trataría de unirse a ellos. El grupo apoyaría las operaciones que se abrirían a la llegada de los expedicionarios. De esos jóvenes la historia guarda estos nombres: Fernando Spignolio, Fernando Suárez, Miguel Polanco, Pablo Borrero, Ramón (Molonche) Fernández, Ramón López Vásquez, Negro Sarita, Ramón Sarita, Tomás Diloné, Carlos Ramírez, Antonio Inoa, Fernando Inoa y Luis Ortiz Arzeno.

Lamentablemente los conspiradores estaban infiltrados y un delator (un chota) proporcionó los nombres. A la llegada de los expedicionarios la mayoría de los conspiradores fueron apresados y los cabecillas fueron masacrados salvajemente a tiros en una casa de madera de la carretera de Luperón. Ellos fueron Fernando Suárez y Fernando Spignolio, ultimados por las descargas cerradas de un pelotón comandado por el teniente Antero Vizcaíno. Así termino la amenaza para Trujillo.



Han pasado más de 60 años de estos patrióticos sucesos y realmente la tragedia de Luperón fue Un Grito de Libertad.

El chileno Alberto Baeza Flores levantó su voz para decir:

Mientras quede una gota de honor americano

y la voz del amor puedan decir:

Hermano, nombrad los que cayeron un día en Luperón.

Si un puñado de tierra recuerda el heroísmo

y el valor se adelanta sobre el último abismo,

nombrad los que cayeron un día en Luperón.

Mientras quede una flor, una lágrima,

un día; mientras el hombre luche

envuelto en la agonía,

nombrad los que cayeron un día en Luperón.

Para los héroes de Luperón y para los mártires de Puerto Plata, hoy se impone la voz patriótica de Carmen Natalia:

Fue la trágica fiesta del plomo y de la sangre.

Y la rubia mazorca se desgranó

en silencio sobre la tierra triste,

triste hasta la desesperación y hasta la muerte.

El plomo hendió las carnes

y las llenó de rosas rojas y desoladas.

Y era la carne florecida pasto de la bestia en furia.

Y era David con las manos atadas contra Goliat

soberbio cabalgando sobre un carro blindado.

Sangre de valientes. Sangre de héroes.

Sangre de Costa Rica libre de cadenas.

Sangre de Nicaragua encadenada.

Sangre de Santo Domingo clavado en el martirio.

Sangre de hermanos por la santa maternidad

de América abierta y generosa.

Sangre nueva y ardiente, que vino de otra tierra

a mezclarse a la sangre de nuestros bravos.

Dominicanos: atrás los esclavizadores.

Odiemos por siempre la esclavitud,

ella degrada la naturaleza humana, hasta bestializarla.

El hombre deformado por la esclavitud,

se habitúa de tal modo a sufrirla,

que acaba por deshonrar su humana naturaleza,

con el más infame de los vicios:

El entusiasmo de las cadenas

y hasta aprende a caminar con ellas.

¡Atrás la esclavitud!









EL VODÚ DOMINICANO

La República Dominicana es en su mayoría católica con más de 90% de la población que se reivindica de esta religión. Pero las prácticas de la religiosidad popular y el vodú dominicano son igualmente muy vivas.

El vodú, originario de Dahomey, actual Benín, significa genio, espíritu, Dios. Traído por los esclavos africanos se constituyó en la religión más popular de Haití como resultado de un sincretismo cultural y de un proceso de creación histórico-social de su identidad. Posteriormente a Haití, el vodú pasó a la República Dominicana.

La presencia de esclavos africanos en la parte española de la isla, su búsqueda de respuestas para la sobrevivencia, las persecuciones y la capacidad de creatividad hicieron posible el surgimiento de un vodú dominicano. De las diferentes expresiones africanas y de las españolas surgieron nuevas formulaciones espirituales y populares que diferencian el vodú dominicano del vodú haitiano. El vodú dominicano es menos rígido en su liturgia, estructura y organización. Tiene además de elementos del vodú haitiano, presencia del espiritismo europeo kardeciano, de la santería cubana, de la religiosidad popular venezolana y simbolizaciones de Buda en sus altares.

Por: June C. Rosenberg (*)

A cada lado de la frontera domínico-haitiana han surgido sistemas de vodú, distintos y parecidos a la vez. Cada país ha desarrollado en esto su propia organización cultural. Ambos tienen elementos comunes y otros que son diferentes, lo que deriva, por un lado, de sus raíces, que en ambos casos se hunden en África y en Europa, y, por el otro, de experiencias históricas particulares.

Las referencias que haremos estarán limitadas a los aspectos que más se relacionen con las categorías incluidas en este estudio y acerca de los cuales existan datos que en alguna medida puedan ser confirmados.

El sitio y la parafernalia

En la República Dominicana son relativamente raros los templos o locales que estén dedicados principalmente o en gran parte a las ceremonias del Vodú. Por lo general el centro religioso en que se reúnen los adeptos queda en el interior de alguna vivienda. La práctica del Vodú es ilegal en la República Dominicana, como en casi todo el área, así que se trata de actividades privadas sobre todo. Como las casas son comúnmente pequeñas, suele dedicarse a esas actividades una pequeña habitación en que se coloca el altar y se guarda toda la parafernalia del vodú: una o varias cruces, algunas cromolitografías, la campanilla, los pañuelos y trajes, las túnicas, los turbantes, etc., y asimismo las banderas, uno o más tambores, etc., todo lo cual se utiliza según lo que exija el espíritu que llega. De conformidad con lo señalado por Patín Veloz, los tambores que se emplean para llamar a los "seres" o para acompañar el canto, "casi no se usan en el vodú dominicano de las ciudades" (1).

Ese autor dice también que el pito o silbato se coloca encima del altar y agrega esta observación:

(El pito) se emplea para llamar a los petrós. Como son escasos los servidores que se dedican a servir a estos seres, el pito se usa muy poco entre nosotros.

Algunos de los sacerdotes viven en el campo; y otros viven en la ciudad, tienen "un campito" donde a veces se reúnen y preparan sus "trabajos" o sus brebajes. Allí a veces "realizan ciertas ceremonias" a las que asiste un mayor número de gente.


Hay distintos tipos de "seres" o "luá", llamados los "radá" y los "petró". Cada una de estas categorías tiene su propia música, sus propios "luá"; según sea la categoría de que se trate, se le sacrifica una clase de animal que debe tener un determinado color y otras particularidades, y cada una tiene asimismo instrumentos musicales, bailes, ritos y muchos otros elementos que le son propios. Los "luá" radá son considerados dulces, suaves y benignos. Los ritos específicos para el complejo radá tienen la característica de que las ceremonias se terminan diciendo "abobo". Los otros "luá", los petró, son tenidos por violentos. Como dice el profesor Deive, "los petró son vistos como 'amargos', ásperos' y agudos' y usados para manipulaciones mágicas". Los ritos para los "luá" petró tienen un tipo de sacrificio que les es propio (de animal y de comida seca), lo mismo que música, baile, etc., particulares, y al terminar se dice "biló-biló" con similar actitud de reverencia que en las ceremonias radá.

La jerarquía religiosa

Con respecto a la organización social y religiosa del vodú dominicano, nada mejor que citar al Profesor Deive, quien señala que "carece de un cuerpo sacerdotal organizado jerárquicamente. Las prácticas rituales se efectúan en forma individual...".

El oficiante del vodú dominicano opera solo, y generalmente no tiene a su alrededor el conjunto de servidores y ayudantes mencionados en las obras que se refieren a otros ambientes socio-culturales. Como dice Deive: “Las prácticas rituales se efectúan en forma individual y se reducen casi siempre a propiciar el trance y la posesión del propio oficiante...”.

La cosmología

En el vodú dominicano los "lua", "seres" o "espíritus", se corresponden, implícita o explícitamente, con santos católicos, y están organizados en categorías llamadas "divisiones", que en principio son veintiuna. Un sacerdote nos dijo que él tenía más divisiones: veinticinco o veintiséis. Algunas divisiones coinciden con las de Haití (que allá se denominan "naciones"); otras son diferentes y no se corresponden con los mismos santos en las listas accesibles de equivalencias. Según lo que pudimos determinar, los ''luá'' radá o "dulces" y los petró se hallan entremezclados unos con otros.

A cada luá le corresponde un santo católico.

Legba Manosé                              San Antonio Abad

Legba Carfó                                   San Antonio de Padua

Ogun Balenyó                               San Santiago

Ogun Badagrig                             San Jorge

Ogun Panamá                              San Wenceslao

Ogun Negué                                 San Martín

Piel Básica                                     San Pedro

El Barón del Cementerio             San Elías

El Barón Sandí                             San Gerardo

Belie Berkán                                  San Miguel

Candelo Sedise                            San Carlos o La Candelaria

Dambala Vedo                              San Patricio

Adogan Piel                                   San Marcos

Gran Soléis                                    San Nicolás de Bari

Tinyó Alaué                                   San Rafael

Gutapie Anfinido                          San Judas Tadeo

Gran Buá                                       San Cristóbal

Polizón Fronté                              San Emilio

Gunguna Gulyone                       Santa Elena

Alaila                                               La Virgen (María) de la Altagracia

Clemencina                                   Santa Eulalia

Ana Manbro Piel                           La Dolorosa

Candelina Sedifé                         La Candelaria

Dili Danto Piel                               Santa Rosa de Lima

Anaisa Piel Danto                        Santa Ana

Rosita Legba                                 Santa Rosa de Portugal

Guedelia Lagcua                          Santa Marta


El trance

En el vodú dominicano es muy marcada, tanto al comienzo como al final del trance o "posesión espiritual", la respiración fuerte y profunda que se da en la persona que se "monta". Por lo menos, así nos ha parecido. En la transición de personalidades, esto es, cuando llega el pretendido "espíritu" cuya personalidad sustituye la del "caballo" en que se "monta", ocurren muchas veces actos de cierta violencia además de los conocidos cambios en las facciones de la cara, la super-respiración, en la voz, en la postura, etc. La violencia a que nos referimos estriba en que la llegada del "ser" aparece en ciertos casos coordinada con bruscos movimientos físicos que se evidencian en el cuerpo del "caballo". Este tiembla, echa hacia atrás el peso de su cuerpo mientras taconea rápidamente, o se cae al suelo y se pone a rodar de un lado al otro. Puede "babear" -salirle saliva por la boca- y el ataque o paroxismo termina cuando se declara la personalidad del "ser".



Sea violenta o suave la llegada, los presentes preparan el cuerpo del "caballo" para que se parezca, tal como ellos se lo imaginan, al "ser" o "misterio" que lo ocupa. Para prepararlo, uno de los amigos o asistentes, siguiendo la costumbre, le quita los zapatos, le enrolla los pantalones hasta las rodillas; a veces lo viste con una túnica o un traje de ceremonia y le pone en la cabeza o en el cuello pañuelos de raso, del color que corresponda al "ser", etc.

En un caso presenciado por nosotros, el "ser" pidió una batata en cuanto llegó, y hubo que buscársela aún siendo de noche. Con ese deseo el "luá" se presenta caracterizado como un campesino ya viejo que anda con su macuto, y tras serie satisfecho empezó la consulta o el "trabajo".

El sacerdote del vodú dominicano se monta así, sin música, ni cantos, por lo general con un rezo mediante el cual se llama al "ser". El Profesor Deive señala: “Las sesiones voduistas dominicanas son generalmente privadas, y en ellas participan solo el brujo, el cliente y el luá invocado. Las colectivas... constituyen la excepción”.

En estas sesiones el luá mira alrededor cuando llega, y saluda a cada individuo presente llamándolo por su nombre, acto que significa que lo ha reconocido; pregunta por su bienestar y le da las dos manos, con los antebrazos cruzados uno encima del otro de modo que la mano derecha queda a la izquierda y ésta a la derecha, se las estrecha y sacude con fuerza hacia arriba y abajo. Es costumbre, además, que los dos giren en redondo, sin soltarse de las manos y manteniéndolas en alto, por encima de las cabezas.

A veces el sacerdote, hallándose en ese estado, hace demostraciones con una serie de pruebas, como por ejemplo: ingerir ron, comida en exceso, pegarse una vela encendida en el cuerpo, metérsela en la boca sin quemarse, clavarse alfileres en el brazo sin sangrar etc.




La consulta es la parte más importante del acto. En ella el pretendido "luá" o "espíritu", después de analizar el problema que provoca la consulta del creyente, instruye a éste acerca de cómo eliminar el mal que él imagina que lo aqueja. Es posible que también prepare o prometa preparar algo que necesita la persona que hace la consulta, ya sea una oración, un amuleto, una medicina o brebaje, o un sinnúmero de recomendaciones.

Terminada la consulta, al sacerdote le sobrevienen de nuevo los cambios físicos que se habían presentado al comienzo del trance: respiración fuerte y profunda, alteración de facciones, etc. A veces cae como dormido y cuando despierta lo hace con los ojos muy abiertos, mostrando sorpresa por encontrarse allí de nuevo en su personalidad normal, y preguntando que le pasó, ya que se supone que no debe saber que estuvo "montado" ni tener conciencia de ello.

Las ceremonias y los servicios

Como dice el Profesor Deive, "el trato con los seres exige... sacrificio y ofrendas, los cuales reciben el nombre de servicios en el vodú dominicano".

Los sacrificios son de dos clases: la comida vegetal y el sacrificio de animales domésticos. El primer caso, según el Profesor Patín, se llama "plato divisional". Es un sacrificio vegetal en que se usan cantidades iguales de ajonjolí, maíz, maní y trocitos de coco, a lo que a veces se añade un huevo; y hay varias maneras de repartirlo. Este plato se dedica en general a todas las divisiones de los luá, que son veintiuna.

A más de eso, dice el mismo autor, existe la "mesa divisional", que se ofrece a "una o varias divisiones en acción de gracias por un favor...". Consiste en una complicada ceremonia formada por varios ritos y diversos sacrificios. Hay en ella sacrificio de animal, preparación de alimentos para la "mesa divisional", uso de un "huevo divisional" y, entre otras cosas, se traza en el piso un dibujo "mágico" rudimentario, con polvo de café, harina de trigo y harina de maíz.

Las ceremonias que se celebran en el vodú dominicano son principalmente los bautizos, las adopciones, los matrimonios, los funerales, las consagraciones (parecidas a bendiciones de objetos), los despojos (“operaciones o ceremonias mediante las cuales se libre una persona, o a un lugar, o a un objeto de 'seres' o fuerzas perjudiciales o perturbadores”) y las ayudas o "trabajos".

Aparte de estas ceremonias, se observan las fechas del calendario que corresponden al día de cada santo equivalente a un "luá". Por ejemplo: el 25 de julio es el día de Santiago Apóstol, patrono de Ogún Balenyó; el 4 de diciembre es el de Santa Bárbara, patrona de Shangó y de otros "seres", y así por el estilo.

Se supone que los devotos celebran el día de su "luá" por la fecha del santo que le corresponde, además de efectuar, en su cumpleaños, "trabajos" especiales para que el "luá" equivalente al santo de ese día, le haga bien a lo largo del año. Celebran asimismo algunas de las ceremonias generales, de toda la sociedad, como el 25 de diciembre y otras.

(*) El gaga, religión y sociedad de un culto dominicano. Un estudio comparativo. Colección Historia y Sociedad No. 37. UASD. Santo domingo. RD. 1979.

 Citas:

(1) Patín Veloz, E., "El Vodú y sus Misterios" en Revista Dominicana de Fo1klore No. 2. pp. 141-161, Sto. Dom., R. D., 1975.

(2) Deive, Carlos Esteban. “Vodú y Magia en Santo Domingo”. Museo del Hombre Dominicano. 1975.


LAS 21 DIVISIONES

El Vodú Dominicano está organizado de manera similar a un gran Estado o Nación. Las famosas 21 Divisiones son precisamente organizaciones o “reinos” de la Nación Vodú.

Algunos investigadores e iniciados creen que son 21 Divisiones porque del África llegaron, supuestamente, de 21 territorios (o potencias) diferentes. Aunque resulta atractivo el dato, no hay comprobaciones irrefutables de él. Además, por los menos dos de las 21 Divisiones no llegaron del continente africano: la División India y la Petró.


Divisiones más conocidas. Jefes y características.

1- División Legbá. Son los ancianos del panteón Vodú, como el consejo de Areópago griego o como los ancianos yorubas, que obligaban a sus gobernantes a suicidarse para darle oportunidad al sucesor. Su Jefe es Papá Legbá Manosé, se sincretiza en San Antonio Abad (Algunos creen que es en San Pedro). Ellos actúan como regente o guardianes de todo el Panteón. Sus mandatos son absolutos e inapelables. La tradición cuenta que cuando Bon Dié se cansó (El Dios cristiano descansó el séptimo día.) le entregó el mundo a Papá Legbá para que lo rigiera hasta que él regresara algún día. Papá Legbá, entonces, llamó a Ogún Balendyó (herrero de ocupación.) para que este organizara el ejercito del Vodú. Pertenecen a esta División; entre otros; Legbá Atibón, Legbá Carfú (San Antonio el Ermitaño.), Macuté y Gramisí.

2- División del Fuego. El Jefe es Ogún Balendyó. Militar austero. Funciona como especie de Ministro de las Fuerzas Armadas. Le dicen el Cónsul, porque supuestamente ayuda a conseguir visas. Cuando es llamado a consultar por los Legbás debe abandonar su lanza y pertrechos militares e ir donde ellos despojado de mandos bélicos. Algo similar a lo que hacían los imperatores romanos cuando re-cruzaban el Rubicón para ponerse a disposición del Congreso.

Ogún viste de azul, fuma, bebe y monta un caballo blanco. Se sincretiza en San Santiago Apóstol. Se tiende a decir que esta es la División Ogún. No existe tal. Lo que ocurre es que en esta División hay varios Ogunes: Ogún Badagrí (San Jorge.), Ogún Batalá, Ogún Fegallo, Ogún Negué (San Martín.), Ogún Panamá (San Wenceslao.) y Ogún Ansú. Pero también hay miles de entidades allí que no son Ogunes.

3- División Radá, División del Aire o Blanca. El Jefe es Pié Pier Basicó, se sincretiza en San Pedro. A ella pertenecen Belié Belcán Toné (Se sincretiza en San Miguel. Esposo de Anaísa. Viste de verde con rojo), Anaísa (Se sincretiza en Santa Ana o en Santa Luisa, algunos dicen que en María Magdalena. Es puro erotismo y viste de amarillo. Se asegura que es amante clandestina de Candelo), Candelo Cedifé (Se sincretiza en San Carlos Borromeo. Dueño de los bares y las peleas de gallos. Viste completamente de rojo. Buen curandero. Hay toda una confradía de Candelos.), Metresilí Dantó Pié (La gran dama de vodú. No bebe alcohol, protege el matrimonio, es esposa de Ogún Balendyó. Viste de blanco y rosado. Se sincretiza en La Dolorosa.), Damballah (San Patricio.), Cusen Bacá, Asaá, Linglesú; entre otros.

4- División India. El Jefe es Samaó o Gamaó. Es una División, como escribimos antes, sumamente espiritual. No ingieren alcohol. Básicamente toman agua de coco. En todos los altares o Bayí organizado hay una tina dedicada a los Indios. Ellos, desde que suben a cabeza del servidor o servidora, se bañan en esa tina y hablan una jerga que realmente se parece mucho a lo que conocemos del idioma taíno. Muchos piensan que cuando Anaísa sube a cabeza de manera espiritual lo hace dentro de un mal llamado Punto madre. No existe tal. Ella lo hace dentro de la División India, en la cual hasta a esa Afrodita caribeña le exigen pudor. Integran esta División: Agalla Dulce, Tinyó Alaué (San Rafael.), Caonabo, Cayacoa, Enriquillo, Guaroa, Mencia, Hacuaí Dantó, Tamayo, Carmelina Dansolei; entre otros.

5- División Guedé. El Jefe es el Barón Samedí. Se sincretiza en San Elías del Monte Carmelo. Esta es la División de los “muertos”. Su recinto o palacio esta situado en la primera tumba del primer muerto de los cementerios. Los Guedeses están dentro de la barriga del Barón y sólo salen de allí cuando son invocados. Los Guedeses son procaces, pendencieros, jugadores, comen picantes, beben mucha ginebra, visten de negro y se pintan las caras con cenizas. Ellos aseguran que los blancos (los radases) viven prometiendo cosas para que ellos (los guedeses) las consigan. Si la primera tumba de un cementerio corresponde a una mujer entonces en ese camposanto rige Madame Brigitte, la esposa del Barón. Pertenecen a esta División: Limbó (San Expedito), Barón Sandí (San Gerardo.), Lacuá, Carfú, Zumbí, Gedelía, Lacuá, Luis Guedé; entre otros.

6- División Petró. El Jefe divisional es Gran Buá Yilet. Viste de marrón y se sincretiza en San Cristóbal. Esta División es puramente dominicana. No existe algo parecido o equivalente en el panteón del Vodú haitiano. Esta División está muy asociada a los ritos de sangre. No es de extrañar que cuando un luá Petró está en cabeza tome sangre de pollo u otro animal. Hasta la sangre del propio servidor es tomada por el luá frecuentemente. Para ello cortan la piel de los antebrazos con una navaja de afeitar o comen vidrio. Los Petroses acostumbran a realizar fiestas ceremoniales entre las selvas tupidas. Dentro del ritual realizado se incluye el cavar un gran hoyo en la tierra donde varios servidores poseídos por entidades se entierran durante varios días. Generalmente estas fiestas tienen mucho de salvaje.

A pocos servidores les agrada, por la violencia ejercida, subir a a cabeza a un misterio Petró. Esta División se inició en Barahona con un renegado sacerdote colonial que llegó a ser Hungan de Vodú. Acostumbraba a efectuar un rito en el cual se danzaba hasta el cansancio y se bebía alcohol profusamente ligándolo con pólvora. Cuando los participantes ingerían aquella mezcla, se cuenta, botaban sangre por los poros y luego las tomaban para no perderla.

El Petró más famoso es el Gran Toró (Se sincretiza en el Jesús de la Buena Esperanza.). También forman parte de los Petroses: Jean Fegó Pié (Se sincretiza en Ponce de León.), Criminal y Tiyán Petró. Todos estos sólo pueden ser invocados dentro un ritual complejo y cautivante.

Otras Divisiones.

7- División Locó: El Jefe es Locó Sinaya, que se sincretiza en San Francisco de Asís. Viven en los árboles.

8- División Simbí: El Jefe es Simbí Andersón. Se sincretiza en San Andrés.

9- División Congó o Congo: El Jefe es Gamodí. No se sincretiza.

10- División Guiné: El Jefe es Aguiné Pier. No se sincretiza.

11- División Ñiñigó o Ninigó: El Jefe es Ramón Sandó. No se sincretiza.

12- División Caé: El Jefe es Caé Samá. No se sincretiza.

13- División Danguelé: El Jefe es Danguélé Quinamá. Se sincretiza en San Eustaquio.

14- División Shuqué: Shuqué Alangué. No se sincretiza.

15- División Marasá o de los Gemelos: El Jefe es Radisá Lamé. Los hermanos Marasá se sincretizan en los santos Cosme y Damián.

16- División Piué: El Jefe es Lambá. No se sincretiza.

17- División Difemayó: El Jefe es Gamó. No se sincretiza.

18- División Petifoné: El Jefe es Sigó. No se sincretiza.

19- División Locamí: El Jefe es León Nicomé. No se sincretiza.

20- División Sombí: El Jefe es Pier Tiyán. No se sincretiza.

21- División Nagó: El Jefe es Olisá Bayí. Se sincretiza en San Enrique.


http://israelvalenzuela.com/2011/01/11/apuntes-sobre-el-origen-y-practica-del-vudu-dominicano/


miércoles, 27 de junio de 2012

LA EXPEDICIÓN DE CAYO CONFITES

La expedición de Cayo Confites fue un movimiento militar contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, originado en Cuba en 1947, que promovió la invasión armada para derrocar el régimen. Su nombre proviene del cayo perteneciente al archipiélago de Camagüey en el océano Atlántico llamado Cayo Confites.



Inicios

Para principios de 1947 en medio de los aires democráticos de la Post Guerra, Rafael Trujillo se encontraba rodeado de gobiernos opuestos a su dictadura, Rómulo Betancourt en Venezuela, Juan José arévalo en Guatemala, Ramón Grau San Martín en Cuba y elli Lescot en Haití.

Luego de un congreso unificador del exilio dominicano celebrado en la Universidad de La Habana, quedó constituido el Frente Unido de la Liberación Dominicana, con Ángel Morales como presidente, los doctores Ramón del Lara y Juan Isidro Jiménez Grullón, secretarios, Leovigildo Cuello, delegado plenipotenciario, y Juan Bosch, delegado especial ante los países americanos.

Esta dirección hizo gestiones antes los gobiernos americanos del área del Caribe con la finalidad de obtener ayuda para una acción militar contra Trujillo.

Desarrollo

En enero de 1945 Juan Bosch viajó a México, a Venezuela en octubre, donde se entrevistó con el presidente Rómulo Betancourt, y en noviembre viajó a Haití donde el Presidente Ellie Lescot le entregó la suma de 25,000 dólares como aporte a la lucha contra Trujillo.



En enero de 1946 Juancito Rodríguez, un rico terrateniente de La Vega, República Dominicana, salió al exilio y se puso al frente de los planes expedicionarios que se encontraban en La Habana.

José Manuel Alemán, Ministro de Educación del gobierno de Grau San Martín, fue el contacto entre los exiliados dominicanos y el gobierno cubano, mientras que Manolo Castro, director de deportes del mismo ministerio, dirigente del movimiento socialista revolucionario MSR, se puso al frente de las labores de reclutamiento de voluntarios cubanos para la expedición.

Tomando como base de operaciones las instalaciones del hotel San Luis en La Habana, dominicanos, cubanos y de otras nacionalidades lograron conformar un ejército de más de 1,000 hombres –algunos aseguran que llegaron a reclutar 1,300-, entre ellos, veteranos de la guerra civil española y de la Segunda Guerra Mundial.

El 13 de julio de 1947, los exiliados eligieron un comité central para dirigir la expedición integrado por: Juancito Rodríguez, Ángel Morales, Leovigildo Cuello, Juan Bosch y Juan Isidro Jiménez.

Batallones
 
Días después los expedicionarios salen de La Habana hacia el Politécnico de Holguín, en el oriente de Cuba, donde reciben entrenamiento militar bajo las órdenes de Manolo Bordas, ostentaba el rango de teniente del ejército norteamericano y fue quien organizó a los expedicionarios en cuatro batallones:

·         Batallón Sandino, comandante Rolando Masferrer, cubano, abogado y veterano de la guerra civil Española.

·         Batallón Guiteras, comandante Eufemio Fernández, cubano, médico y veterano de la Guerra civil Española.

·         Batallón Luperón, comandante Jorge rivas Monte, Hondureño, militar de carrera graduado de la escuela militar de Guatemala.

·         Batallón Máximo Gómez, comandante Feliciano Mederne, militar de carrera jefe de la expedición de Gibarao.

Del Politécnico de Holguín los expedicionarios fueron trasladados a la bahía de Nipes donde les esperaba el buque Aurora y la goleta Berta con gran parte del cargamento para la expedición, abordaron los barcos y se dirigieron hacia un islote perteneciente al archipiélago de Camagüey en el océano Atlántico llamado Cayo Confites.

El gobierno norteamericano, aliado y cómplice del dictador dominicano, al enterarse de los planes de invasión comenzó a presionar al presidente Grau San Martín, para que detuviera la acción militar que se preparaba contra Trujillo, con ese propósito su embajador en La Habana, Henry Norweb, en Julio de 1947 visitó dos veces al presidente Grau y dos veces al canciller de su gobierno.

Trujillo declara la guerra

El 22 de julio de 1947, Trujillo se enteró de los planes de invasión contra él desde territorio cubano, e inició una serie de protestas por la vía diplomática contra el gobierno de Cuba. Semanas después, ante la inminente salida de los expedicionarios, Trujillo declaró: “En el momento en que el primer invasor pise tierra dominicana, comenzaremos a bombardear la ciudad de La Habana”.

En medio de ejercicios militares, prácticas de desembarco y otras maniobras, los expedicionarios de Cayo Confites esperaban más barcos, así como completar un buen número de aviones para un sólido respaldo aéreo. Al entrar el mes de septiembre, el movimiento contaba con 4 barcos, 13 aviones y 1,000 hombres armados. Entre los expedicionarios se encontraban:  José Horacio Rodríguez, Ramón Emilio Mejía Pichirilo Mejía, Mauricio Báez, Fidel Castro, Carlos Gutiérrez Menoyo, Pedro Mir, Francisco Alberto Horacio Vázquez, Federico Horacio Vázquez, Germán Martínez Reyna, Nicanor Saleta Arias, Miguel Ángel Feliu Arseno, Horacio Julio Ornes Coiscou, José Rolando Martínez Bonilla, Ángel Miolán, Dato Pagan Perdomo, Los hermanos Víctor, Rafael y Virgilio Mainardi Reyna y Antonio Toirac Escasena.


Fracaso

Mientras los expedicionarios esperaban que los aviones fueran equipados con armamento de combate para poder iniciar la invasión a Santo Domingo contando con respaldo aéreo, el general Genovevo Pérez Damera, jefe del ejército cubano, viajó a Washington DC, donde se entrevistó con altos militares del ejército norteamericano y con diplomáticos al servicio de Trujillo.

Varios días después, el general Pérez Damera procedió a confiscar un cargamento de armas en la finca América del ministro José Manuel Alemán y a intervenir el local que los expedicionarios de Cayo Confites tenían en el hotel Sevilla. Paralelo a la acción de Pérez Damera, el embajador norteamericano en Cuba, Henry Norweb, exhortó a los aviadores Rupert E. Waddel, Thomas Sawyer y Hollis Smith, los tres norteamericanos comprometidos en Cayo Confites, a que regresaran a estados Unidos y abandonaran la expedición, los pilotos se acogieron al llamado y regresaron a su país.

El 21 de septiembre de 1947, los expedicionarios de Cayo Confites deciden salir del cayo al enterarse por la radio del allanamiento del hotel Sevilla y ante los rumores de que el jefe del ejército se rebelaría contra el gobierno.

Luego de deserciones de tropas, confusiones entre las naves expedicionarias y escaramuzas con la marina cubana, los expedicionarios fueron obligados a desembarcar en el puerto de Antillas, donde fueron apresados, desarmados y conducidos al recinto militar de Columbia en La Habana.


Estando prisionero en Columbia, Juan Bosch se declaró en huelga de hambre hasta tanto no fueran liberados todos los expedicionarios. Luego de un acuerdo entre el general Pérez Damera y Juan Bosch, los prisioneros fueron liberados y los dirigentes del movimiento iniciaron gestiones ante el gobierno cubano para que les devolvieran las armas confiscadas.

Ante la negativa del gobierno cubano de devolver las armas intervino el presidente de Guatemala, Juan José Arévalo, quien reclamó la propiedad de las mismas.

Sorprende el equipamiento reunido para este proyecto que logró movilizar hacia Cuba 16 aviones. Aunque tres fueron detenidos en EEUU: un J2F-6, un PB-4Y y un B-24 Liberator, confiscados en Miami, Ponca City y Tulsa. Al abortar la expedición, el ejército cubano incautó 12 aviones trasladados a la base aérea de Columbia: 6 de combate Lockheed P-38 (F-5); 2 bombarderos patrulleros Lockheed Vega Ventura; 2 bombarderos B-25 Mitchell; 1 bombardero Consolidated B-24 Liberator; 1 transporte C-46A Curtis Commando. En adición, los revolucionarios mantuvieron en el aeropuerto Rancho Boyeros 2 Cessna UC-78 Bobcats, 2 Douglas C-47 y 2 Vultee BT-13. La idea era utilizar los 6 Douglas de transporte para lanzar 225 paracaidistas.


Dos de los nueve barcos con que contaba inicialmente la expedición, solamente tres estaban en su poder al momento de intentar salir de Cuba. Eran el LCT (Landing Craft Tank) Libertad, rebautizado Aurora, el LCI (Landing Craft Infantry) No.1006, renombrado El Fantasma y también Máximo Gómez, y la goleta blindada dominicana Angelita, designada Maceo (120 pies, revestida de planchas de hierro con motor diesel). El "crash boat" Victoria, llamado Berta (110 pies con dos motores diesel), ya había sido apresado. Otros barcos comprometidos fueron un LCI rebautizado Patria (que había sido retenido en Baltimore en agosto de 1947), y dos PT (Patrol Torpedo) boats de los utilizados en la Segunda Guerra, estacionados en la base de Mariel.

El arsenal hallado en la finca América del ministro Alemán -que llenó 13 camiones- y en los barcos muestra un impresionante material de guerra adquirido en EEUU y Argentina. Unos 3 mil fusiles Mauser, 215 subametralladoras Thompson, 50 ametralladoras de patente alemana, 10 rifles automáticos, pistolas Colt 45 (para los oficiales), acompañados de varios millones de municiones. También 15 bazookas con 300 cabezas, decenas de bombas (incluso de 300 libras), 300 bombas fragmentarias, 2 mil libras de dinamita, 300 cohetes, 3 morteros Brandet 81 mm, 2 mil granadas de mano y 3 cañones de 37 mm.

La expedición de Cayo Confites de 1947 fue el punto de encuentro de los grupos que habían antagonizado a Trujillo en los años 30 y 40 y su más seria amenaza. Aunque abortada, parte de su saldo sirvió en 1948 a la revolución costarricense que llevó a Figueres al poder, en la que Ramírez Alcántara y Horacio Julio Ornes ganaron galones. De allí -con Guatemala como base y México como escala- surgió la expedición de Luperón de junio de1949 a República Dominicana. Una década después, tras el retorno de Betancourt a la presidencia de Venezuela y el triunfo de Fidel Castro en Cuba, se formó el haz internacional propiciatorio de la expedición de junio de 1959, también a República Dominicana. El comandante de Maimón, José Horacio Rodríguez, hombre del Cayo Confites y de la expedición de Luperón, encarnó la continuidad de este empeño, que fructificó en el movimiento clandestino 14 de Junio, develado en enero de 1960, y en la conjura mortal de la noche del 30 de mayo de 1961 contra el dictador Rafael Trujillo.
 

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